Qué tristeza me provoca leer en los diarios que un joven de tan sólo 14 años ha muerto en Chile de un balazo en el pecho disparado por los carabineros, que reprimen a un pueblo que se levanta por un derecho universal como es el derecho a la educación.
No puedo comprender cómo frente a manifestaciones pacíficas y creativas, el Estado chileno ha dado una respuesta tan bruta, tan inhumana que no conduce a una solución, sino que empeora el panorama y entristece, no sólo por la vida perdida (que me animo a decir que no será en vano) sino por lo que conlleva la represión en sí misma.
La represión en la “acción que parte generalmente del poder para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales” ¿Cuándo van a entender los que creen tener el poder, que no se trata de mantenerlo a costa de que sean sólo unos pocos los que se benefician?¿Cuándo van a entender que lo que nos hace únicos es justamente la búsqueda constante de otra realidad posible?
El pesimismo no es un adjetivo que me caracterice. Sin embargo, ver las imágenes de los carabineros atropellando ancianos y niños, me eriza la piel y me hace pensar que el hombre no dejará nunca de lastimarse por el interés económico.