jueves, 8 de septiembre de 2011

Personajes en escena

Bajé del colectivo pensando en lo diferente que habían sido otros jueves de mi vida. Y mientras caminaba las cinco cuadras que me llevan de la parada hasta casa, pensé en nuestro último jueves juntos. Te había ido a buscar a la escuela, y juntos fuimos a tu casa, pasamos por la parrilla y mientras te esperaba en el auto, canté compenetrada Basta de penas de Los Piojos. Me acuerdo el gesto exacto que tenías al abrir la puerta para entrar al auto, y hasta puedo oler las papas fritas que traías envueltas en papel de almacén. Viajamos a tu casa, yo seguía con mi canción, en un momento me miraste y sonreíste, pensé que me estaba pasando de payasa y sentí que me amabas. ¿Fuimos personajes en escena? No lo sé, pero si lo fuimos, mi actuación siempre fue genuina y con tanta entrega que nunca supe dudar.

No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas, caminé con la cabeza gacha, cruzando las columnas rojas de esa especie de almacén. Sentí la soledad en mi piel y me alegré de saber que en casa no habría nadie, podría llorar tranquila. Un perro me ladraba desde la vereda de enfrente, envidié por un momento su accionar, si yo pudiera ladrar seguramente me aliviaría. Pero inmediatamente descubrí que no es ladrar lo que necesito, sino perdonar.

El semáforo me detuvo en la esquina, la verdulería ya había cerrado . Miré a mi alrededor, una pareja se acomodaba para dormir entre colchones sucios y cartones. Pensé en mi somier de dos plazas y sentí la verdad incómoda de la que hablábamos esta tarde en la oficina.

De nuevo sentí ganas de llorar y una lágrima recorrió mi cachete. De repente creí verte entre los autos, por suerte la vista nublada había fallado y me sentí aliviada. No había previsto como actuar ante un encuentro casual. Pero enseguida me sentí nuevamente aliviada, nunca más nos volveríamos a ver.

No hay comentarios:

Publicar un comentario